miércoles, 9 de abril de 2008

Charla de Café

Entraron juntos al bar, buscaron una mesa vacía. No encontraron una para dos, sólo una para cuatro. No importó, corrieron hacia atrás dos sillas, las más pegadas a la ventana, y dando pequeños saltitos volvieron a acercarse a la mesa.

- ¿Qué te vas a pedir?
- Lo mismo que vos.
- Mate cocido con leche, ¿está bien?
- Sí sí, dale.

Leopoldo levantó la mano buscando llamar la atención de la moza. Ésta los vio y caminó hacia ellos con un paso cansino, cabiendo destacar que ya era bastante tarde.

- ¿Puede ser dos matecocidos (en plural siempre los llamaba así, sin espacio) con leche?
- Perfecto. ¿Lo acompañan con algo?
- No sé, a esta hora... ¿Vos que decís Arquímedes?

Arquímedes; cuyo nombre siempre levantaba preguntas a las cuales él siempre contestaba alegando que significaba "Pensador profundo", algo distraído, pidió que le repitieran la pregunta.

- Como vos quieras, a mí me es indiferente.- dijo luego de escuchar a la moza.
- Bueno, dos matecocidos con leche, con seis medialunas.
- Oooooooook.- dijo la moza terminando de escribir el pedido en un pequeño anotador- Ya se los traigo.

Leopoldo se volvió a concentrar en Arquímedes. Lo miraba fijamente, no con una mirada de odio, pero sí buscando que le prestara atención. El aire era algo tenso y parecían tener algo muy importante por discutir. Finalmente Leopoldo se decidió por abrir el fuego:

- Y bueno chabón, ¿qué tenés para decirme?
- ¿Decirte de qué?
- Dale, no seas sorete. No me lo hagas más complicado sabiendo lo que me cuesta discutir con vos.
- Bueno, pero decime de qué querés discutir.

Leopoldo echó un resoplido de resignación. Se frotó los ojos con las palmas de la mano, agotado.

- ¿Porqué me vivís poniendo palos en la rueda? Cada momento que algo nuevo me llega, un proyecto que me emociona, una felicidad que me invade, aparecés vos y me hacés planteamientos de mierda que al final no sirven para un carajo.- ya estaba realmente enervado- El único pelotudo que los piensa soy yo, y como el forro que soy me empiezo a cargar millones de dudas, ¿para qué? Para terminar sintiendo que no hago nada entero. No sé porqué mierda te escucho al final.

El bar entero se calló. Todos habían girado la cabeza. Los cafés que estaban preparando en la barra habían rebalsado las tazas porque los que los preparaban también estaban observando la escena; y la moza que llevaba el pedido se detuvo a unos pasos de la mesa, los ojos bien abiertos y en gesto de sorpresa. Leopoldo la vio y tratando de aminorar la situación puso su mejor cara.

- Ah, el mate cocido, traelo, traelo, muchas gracias.- La moza hizo una reverencia más apurada que sutil y volvió apurada a la barra.

Hubo unos segundos de silencio en que ambos disfrutaron sus matecocidos y medialunas. Cuando Arquímedes recién iba por la mitad de la primer medialuna, a Leopoldo ya le quedaba sólo una de las tres que le correspondían. Saciada su angustia oral, volvió al ruedo con algo más de tranquilidad.

- Bueno... ¿Y?
- ¿Y qué?.- Los ojos de Leopoldo se transformaron, y la tercer medialuna se hizo añicos entre sus puños.
- Qué tenés para contestarme de lo que te pregunte antes.
- Ah, sí sí sí. Bueno, mirá, - al mismo tiempo se mandó a la boca el restante de la primer medialuna y comenzó a hablar con la típica dificultad de hablar con una cacho de medialuna en la boca- me parece que estás inflando un poco la cuestión. Yo te doy otro punto de vista nomás. Vos lo podés tomar o- dejó de hablar un instante para terminar de tragar y chuparse el índice y el pulgar- dejar negro.
- Está bien, eso está perfecto. ¡Pero carajo, dame una opinión de apoyo cada tanto! Me terminás mandando siempre al muere boludo.- empezó a imitar al otro con gesticulaciones y voces ridículas- "Que este discurso ésto, que esta mina lo otro, que la concha de dios". No seas hijo de puta y admitime eso al menos.

Arquímedes lo miraba impasible. Enrollando la barba que le crecía por debajo del labio, soltó un leve y desinteresado "Sí, puede ser, qué sé yo". La poca atención exacerbaba a Leopoldo.

- ¿Cómo que "puede ser"?.- Dijo fingiendo una voz gangosa, levantando los ojos hacia arriba y moviendo las manos frenéticamente emulando un aleteo.
- Sí, puede ser. Pero me sigue pareciendo que vos inflás un poquito todas las cosas. Mirá pelotudo; un pelotudo de cariño, a ver si todavía lo tomás a mal, digamos que yo trato de darte un estado de alerta para que después no te pase lo que te pasa siempre. Por que vos siempre fuiste el mismo boludo que camina con la cabeza gacha y al final te terminás pegando un palo que hasta Villeneuve te envidiaría. Después vos podés hacer o pensar lo que quieras con lo que yo te digo.
- Bueno, entonces yo me resigno a que nunca me vas a ayudar, a dar un empujoncito, a escuchar de vos un "dale Leo, dale para adelante"...

Hubo un breve lapsus de silencio, roto por una aparición sorpresiva de una persona igualita a Arquímedes. Sin pedir permiso se sentó en una de las dos sillas que restaban en la mesa y empezó a hablar sin dejar siquiera lugar a una réplica.

- Yo nunca voy a entender porqué ustedes dos tienen estas charlas si al final no llegan a nada. ¿No se dan cuenta de que el mundo es una mierda y ni vale la pena ponerse a pensar? Nada vale la pena carajo, déjense de romper las pelotas con pelotudeces o péguense un tiro. Háganme caso, no se enrollen, giles, el mundo fue y será una porquería, un desfile de inclemencias.- El doble negó al aire con la cabeza, sacó un atado de cigarros, tomó uno y lo empezó a fumar mirando hacia adelante, hacia nada en especial, con los ojos entrecerrados y mordiéndose cada tanto el labio inferior, mientras seguía negando al aire y soltando cada tanto un "boluditos de cuarta".

Arquímedes miró a Leopoldo en gesto de compasiva complicidad y le dijo: - ¿Ésto es lo que pretendés? ¿A ésto necesitás llegar?
Leopoldo no caía, era un poquito demasiado. Palabras, imágenes, olores, texturas, sabores, músicas, dolores, felicidades, impaciencias, todo entraba en el bocho, todo se licuaba, y tener al lado al extraño fatalista no ayudaba. Terminó por preguntarle a éste quién era.

- Dios, Satán, Buda, Sean Penn, Hipólito Yrigoyen, la piedra movediza de Tandil. ¿Qué carajo te importa quién soy yo?
- Je, vos siempre el mismo eh, no cambiás nunca.- dijo Arquímedes, mientras miraba fijo a una servilleta y la doblaba a la mitad, y a la mitad, y a la mitad.
- Callate enfermo.
- ¡¿Se conocen?!- exclamó Leopoldo, sintiendo que el corazón se le salía por la boca.
- Acá nos conocemos todos.
- Pero...

En ese momento se sentó en la última silla otro Arquímedes. Ni se lo había escuchado entrar, ni caminar hasta ahí, ni nada. A diferencia del primer clon, éste sólo se sentó con la cabeza gacha y dejó escapar un par de lágrimas. A esa altura, ver a Leopoldo angustiaba.

- ¿Perdón?
- ¿Me entendés? Parece como si todas las salidas te terminaran llevando de vuelta a la entrada viejo. Es todo tan difícil che.- El nuevo integrante tenía una voz ahogada que se hacía casi imperceptible.
- ¡Uy, por favor che! ¡¿Siempre tiene que aparecer este llorón de mierda?! La reconcha de mi hermana.- El emisor de los insultos era obvio.
- Y sigue cayendo gente al baile. Yo no sé Leo, yo no sé...- reflexionó Arquímedes.
- ¿Qué no sabés? ¡¿Qué?!
- Vos no sé.

Fuera de todo contexto, por la ventana entró un tercer falso (o quién sabe) Arquímedes, muy jocoso, riéndose a más no poder de la situación.- ¡Jajajajajaja! No se dan una idea lo graciosos que se ven todos ustedes discutiendo. Encima re bizarro, onda, falta que caiga Brad Pitt, o un mono del cielo, y explote en medio la mesa. ¿Se imagina qué diría el dueño del café?- el bufón comenzó a generar una charla ficticia con sí mismo.- "Che, ¿cómo fue que cerraste el bar?", "No, no sabés. Estaban cuatro hijos de puta discutiendo en una mesa y cayó un mono del cielo que explotó". Jajajajaja, buenísimo.

Después del monólogo, un cuarto clon entró y sin dar explicaciones empezó a pegarle piñas y cabezazos a una columna del lugar. Y afuera se veía en el cordón otro Arquímedes, sentado, fuera de este mundo, mirando fijo a un adoquín. Y enfrente, uno más, escuchando su música y riéndose de algún recuerdo picarón del pasado. Y...

De otra dimensión vino una trompada y siete años de mala suerte.

4 comentarios:

  1. lo escribistes vos
    no??

    aja
    ta bueno

    nu se...
    mañana nos vemos, aunque sea volvemos juntos en bondi =)
    mua

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  2. no se... tiene algun sentido esto?
    capaz q si, pero en esta epoca la gente estudiasa anda empezando a quemarse el cerebro, en especial con la porqueria de ICSE, segun los profesores q se queiren hacer los categoricos xD

    estem... donde estas estudiando??
    en ciudad??



    saludos
    bonne chance
    au revoir

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  3. (anoche mi señor hermano egoísta se puso a toquetear la pc mientras yo intentaba comentar sobre esto y terminó dejándome sin internet ^^)

    ahora me robás ideas directamente desde el cerebro ? :P hace mucho tiempo que algo muy parecido me daba vueltas en la cabeza.. pero no logré escribirlo, quería hacerlo más gráfico. mi futuro cineasta ya se frustró, así que tendré que encontrar la manera de expresarlo, aunque la gente crea que me copié de tí :P

    me gustó mucho, y me hizo acordar un poco a la mesa con los pecados capitales, pero un poco nomás.
    beso.

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  4. si no hay final si no hay un inicio
    lo se, pero en este caso, nno va a existir un inicio (de mi parte por lo menos)
    es complicado, o no , no lo se...
    pro si es dificil
    pero bue...

    esta el de la facu
    jaajjaajjaa

    hermosa noche la del viernes
    :)
    la pase muy lindo
    :)

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