jueves, 25 de febrero de 2010

miércoles, 17 de febrero de 2010

Galaxia trémula

En una galaxia trémula,
tan cerca de todo,
aparece el camino circular
alrededor de un mundo
plagado de replanteos.

En la tierra donde la cobardía
y la mediocridad
estancan a Dios y al Diablo,
para estar bien con ambos,
decidí hacerme ateo.

En la tierra donde comer huesitos
te eleva hasta lo más alto,
y sólo pensar en la galletita
te tira al tacho,
decidí tener los huevos de pensarlo.

En la tierra donde la joda
es ajena a la "gente como uno",
decidí tirar equipaje por la borda
y aprender a vivir cómodo
entre los pequeños pecados.

En la tierra donde hablar
es una aventura imposible,
decidí comprarme un machete
Y escarbar duro y parejo
entre los arbustos callados.

En la tierra donde jugarse por una idea
es ser un demente antiguo e ingenuo,
decidí la información,
aprendiendo a discriminarla
para no hacerme la vida rosa o gris
dependiendo del dueño de turno.

En la tierra donde la marea de lágrimas
se lleva tantas presiones,
decidí como un idiota
tener seca la retina.

En la tierra donde la torpeza social
choca contra todos
por no saber medir el paso
decidí, erróneamente,
encerrarme a ajustar el calibre.

En la tierra donde se habla fácil,
decidí escribir difícil.

Todo para darme cuenta que
en la tierra donde una pieza
de 2x2 es tu mundo,
el mundo es una mierda,

y no queda otra que meterle faca
a la pompa de jabón
y chocarte con todos,
pero con el calibre fiel
siempre a mano
que ayuda a mantener distancia,

y no pegarte a mediocres,
a pelotudos,
a basuras,
a cagones,
a traidores,
a garcas,
a botones,
o a cualquier objeto nocivo

que te aleje de vos,
de los que más necesitás,
de lo que más te necesitan,
de los que más necesitan,
de los más indefensos.

Y todo por que en la tierra
donde reinan el movimiento
y la dinámica del tiempo y el espacio,
el mediocre,
el pelotudo,
el basura,
el cagón,
el traidor,
el garca,
el botón
o cualquier nocivo
se te cruza en un ascensor
para hablarte del sol de la tarde
y del fresco de la noche.

Porque trabajás con él,
convivís día a día,
en todos lados,
y los cohetes a la luna
o los viajes al centro de la tierra
son emocionantes sólo por una semana.

Pero, por sobre todo,
en la tierra donde la oferta y la demanda
dominaron tantas cosas,
decidí, más firme que nunca,
no ponerle un precio
a todas esas convicciones que,
con defectos y virtudes,
me llevaron a ésto,
que son muchas cosas
menos mediocre,
pelotudo,
basura,
cagón,
traidor,
garca,
botón,
ni ningún objeto nocivo
para los que de verdad quiero
tener de mi lado.
A mi lado.

viernes, 12 de febrero de 2010

Extrañarte

Extrañarte es esperar que termine
el conteo de soles y lunas
que se persiguen unos a otros,
sin alcanzarse nunca.

Extrañarte es que me haga feliz
que a la distancia estés feliz,
pero extrañándome.

Extrañarte es tener la certeza
de que tu vuelta va a ser un desfile
de besos y caricias,
como lunas y soles
que por fin pueden alcanzarse.

Extrañarte es entender que de verdad te necesito,
que una ausencia,
con la seguridad de un regreso,
no mata, si no que fortalece.

Extrañarte son todas estas cosquillas
que me pasean locas por todos lados
y me sueltan una sonrisa.

Extrañarte es tener los brazos abiertos,
listos para tu espalda,
y mi pecho libre,
listo para tu pelo.

martes, 9 de febrero de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

Galasso de media cancha

Un día como hoy, pero ayer a la madrugada, estaba con insomnio y entré a recorrer blogs, que hacía largo no hacía. Y en el comunmente concurrido por mí, Un Día Peronista, me topé con un texto fenomenal escrito por Norberto Galasso, a modo de contestación a una nota publicada en InfoSur, sitio oficial del movimiento Proyecto Sur liderado por el lamentablemente tibión y funcional de Pino Solanas. Con la presentación correspondiente, nada más que lo necesario, los dejo leer:

El 19 de enero último, desde INFOSUR, página web de Proyecto Sur, me han lanzado un agravio que me veo obligado a responder.
Desde INFOSUR me califican de “gran historiador”, autor de “un libro fabuloso”, “una obra clásica sobre la Deuda Externa”, al igual que la “maravillosa biografía San Martín” y me tratan reiteradamente de “querido compañero”, para, después, lanzarme esta baja puñalada: “¿Qué hacemos ahora con esas cuatrocientos páginas (del libro sobre la Deuda Externa)...?”, como diciendo: “nos las vamos a meter en cierta parte” pues el autor sería un traidor, se habría quebrado, estaría al servicio del gran capital financiero internacional. Todo esto con motivo de que he sostenido que “ahora es difícil desentrañar la ilicitud de parte de la deuda” y que varios gobiernos le han dado “una especie de legalización” al renegociar sobre ella aunque igualmente “hay que investigar los ilícitos”, pero que lo más importante “es unir a América Latina en el no pago y patear el tablero” porque la cuestión no es tanto tener razón “sino tener fuerza”.
Curiosamente, la nota de Infosur prueba mi coherencia. Se inicia con una frase de mi libro: “La deuda ha operado como un instrumento de saqueo y sumisión semicolonial” (2002).Y concluye con otra declaración mía, actual: “Ahora hay que favorecer la unidad latinoamericana y proponer que todos los países denuncien que fueron estafados y que no se paga”. Mayor coherencia, imposible. En “Cash”, del 24/1/2010, sostuve lo mismo: “Hay que investigar y reforzar nuestro poder para decidir en conjunto. A las finanzas internacionales no les importa cuándo (ni cómo) se contrajo la deuda. Hay que finalizar este proceso de otra manera, a partir de la unidad latinoamericana, donde todos los países puedan expresar una opinión común frente a los acreedores internacionales”.
Es decir, hay que investigar y hay que poseer suficiente fuerza para no pagar. Hoy no contamos ni con una cosa, ni con la otra, pero el objetivo final es el no pago. Disentimos, eso sí, en la táctica, como también disentimos en la táctica general que desarrolla Proyecto Sur en política.
¿En qué disentimos? En primer término, en que no se trata de quién grita más fuerte ni quién se escandaliza moralmente contra los piratas internacionales, sino en tener la fuerza suficiente: un pueblo movilizado y consciente del problema, capaz -como lo han sido los cubanos- de aguantarse todas las represalias, inclusive un bloqueo. Por eso, es imprescindible una acción concertada de América Latina -que va camino a su unificación- para patear el tablero. En la discusión con los filibusteros, estábamos mucho mejor parados en 1983, como ha dicho la Presidenta, porque salíamos de una dictadura y habíamos allanado el estudio Klein Mairal y Olmos había presentado su acusación... pero también es cierto que no teníamos fuerza y Alfonsín tampoco tuvo audacia y concluyó claudicando en ésta, como en otras cuestiones. Después hubo canje de títulos que complican nuestra argumentación respecto al comprador de buena fe y sucesivos gobiernos pagaron y renegociaron y se negaron a analizar lo rescatado en el estudio Klein, así como la acusación de Olmos que el juez Ballesteros remitió al Congreso. En 1999, recuerdo que fuimos al Congreso con Olmos, Norberto Acerbi, Luis Donikian, Carlos Juliá y unos pocos más -no estaban muchos que ahora levantan su voz y celebro que ahora lo hagan-, pero, entre los diputados, sólo Alfredo Bravo y Luis Zamora –más allá de mi disidencia política con ellos- se preocuparon por escuchar el alegato de Olmos. Y no pasó nada.
Después vinieron otras negociaciones, entre ellas, la quita de la época kirchnerista. Nos guste o no, implícitamente también la quita significó lo que llamé “una especie de legalización” y que tanto ha irritado a Infosur. Pero de ninguna manera digo que no hay que investigar. Tampoco propongo no pagar mientras no tengamos fuerza para desconocerla. En fin, insisto, se trata de diferentes tácticas, porque las tácticas cambian según el momento histórico y no hay por qué injuriar ni descalificar cuando coincidimos en lo central: que fue una estafa y que, cuando podamos, debemos declarar que la deuda es cero. Ahora bien, como el “querido compañero” se preocupa y no sabe en qué lugar colocarse mis 400 páginas del libro De la Banca Baring al FMI, voy a tranquilizarlo con respecto a mi supuesta traición.
Entonces, empiezo para disipar dudas: con 50 libros publicados (discúlpeme pero hay tanto soberbio suelto que por una vez puedo violar mi modestia) nunca he sido invitado al programa de Mariano Grondona, ni he almorzado con Mirtha Legrand, ni me he abrazado con gorilas como Carrió, ni he coincidido con Pinedo (ni el abuelo, ni el nieto), ni he sido cómplice de la Sociedad Rural en ninguna votación. Tampoco me reportean ni “La Nación” ni “Clarín”, así que puede estar tranquilo. Esa gente sí tiene conciencia de clase, no la que supone Pitrola que deberían tener los trabajadores. Son clasistas en serio y hay que tener cuidado porque a veces son muy amables y si pueden, lo usan a uno.
Le sigo contando para que vea que no estoy “quebrado”. Vivo en Parque Chacabuco, un barrio de clase media, en una casa con pileta... de lavar la ropa. Una sola casa (herencia familiar) no dos, porque se sabe que alguna gente tiene dos: una para vivir y otra para albergar el ego. Tampoco tengo auto. Viajo en subte (vocación de minero, como decía Unamuno). Futbolísticamente soy de San Lorenzo que ya es demasiada carga para andar por la vida. Cobro la jubilación mínima y subsistimos con mi familia con algunos derechos de autor y un modesto alquiler de un local de esa vieja casa paterna... Usted, “querido compañero”, dirá seguramente: -Aquí te pillé, ¡eres rentista! (Carlos Marx seguramente no me lo reprocharía y sabría comprenderme ya que, salvando las distancias, no tengo ningún Federico Engels a mano). No soy revisionista a secas, como usted dice, confundiéndome (por ignorancia o por picardía) con Ibarguren o Irazusta. No soy rosista, soy de la línea: Moreno, Artigas, Dorrego, los caudillos federales (en especial El Chacho y Felipe Varela), el PAN en su época antimitrista, Yrigoyen y Perón. Esta reivindicación, hecha desde una Izquierda Nacional, que apoya todo movimiento antiimperialista tratando siempre de mantener su independencia ideológica, política y organizativa, es decir, “Frente Obrero” en el 45, representada luego, por bastante tiempo por Abelardo Ramos, salvo sus últimos años. Asimismo, me siento latinoamericano de Martí, Sandino, Fidel, El Che, Evo, Chávez, Correa y tantos otros. Me considero, sobre todo, un militante y por ello he sacrificado mi interés por la literatura y la cinematografía. En música, cero. Salvando también la distancia, digo, como Jauretche, que no distingo la marcha peronista de la marcha de la libertad. Desde esa perspectiva de Izquierda Nacional, estoy más a gusto en la CGT de Moyano o en la CMP de D’Elía, que viajando por Europa o asistiendo a fiestas de embajada. No soy kirchnerista pero apoyo a este gobierno. Lo considero lo mejor que hubo desde que murió Perón, más allá de limitaciones y carencias, que son propias de una sociedad fuertemente golpeada por la dictadura genocida, la frustración de Alfonsín, la traición de Menem, la estupidez de De la Rúa, el derechismo de Duhalde, etc. Me defino así porque creo conocer dónde está el enemigo principal, la correlación de fuerzas y el nivel de conciencia política de los trabajadores y de los sectores medios (algunos de éstos, me aterran). Por eso, jamás se me ocurriría hacerle juicio penal a Cristina por mal desempeño, porque no corresponde y porque la pondría al borde del juicio político, para solaz de Cobos y la “nueva unión democrática” y además porque entonces eso debiera habérselo hecho a todos los presidentes anteriores (incluso legisladores) y hacerlo ahora es demasiada complicidad con los destituyentes. Este gobierno avanza todo lo que puede y si llegase a caer, no deliremos que va a venir algo mejor, sino la derecha más reaccionaria.
Algo más: integro la Corriente Política Enrique Santos Discépolo, dirijo el mensuario “Señales Populares”, adscribo a Carta Abierta. En lo fundamental, tengo la certeza de que el futuro es nuestro, de los trabajadores, en el camino de la liberación nacional y la unidad latinoamericana, hacia el socialismo. Sólo ocurre que, “como lechuza largamente cascoteada”, sé distinguir los enemigos y los tiempos. Creo que Trotsky era el que decía que hay gente que confunde 1905 con 1917 ó, ahora en el bicentenario, 1810 con 1816. Y para terminar, me acuerdo de Cooke. Él le decía a Hernández Arregui: el intelectual se define sobre el trazo largo de la historia, pero el político tiene que definirse hoy y aquí, todos los días, teniendo presente aquellos objetivos finales, pero sin perder conciencia de en qué momento y en qué lugar está actuando. Creo que algo de esto es lo que nos aleja. Disculpen la extensión pero, en verdad, preferiría que no se ocupasen de mí y profundizasen la discusión sobre la naturaleza histórica del kirchnerismo y cuál es la mejor forma de ayudar a Argentina y al resto de América Latina en estas luchas que van hacia el 2011.
Con un saludo, Norberto Galasso.

domingo, 7 de febrero de 2010

¡Fuerza Néstor!


¿Listo? ¿Pulgar arriba? Mejor así, ahora con más fuerza que nunca.

¡VAMOS NÉSTOR Y EL PROYECTO CARAJO!

sábado, 6 de febrero de 2010

Aguacero pasajero...

Cada gota que caía sobre el pelo era una tortura aparte. No alcanzaba con la gota en la frente, con la gota en el ojo, con una única gota cayendo sobre la cabeza en cualquier punto. Es que las nubes se encapricharon y, gritando como locas, empezaron a tirar baldazos sobre los techos de las casas y los pelos y peladas de la gente, desesperada buscando los balcones, los puestos de diarios y zaguanes. Así lo marca la lógica, a la que a veces se me da por revolotearle un pañuelo blanco con puntillas y mirarla irse en un tren imaginario, yéndose lejos lejos lejos. Del tren que acaba de llegar se bajan los rostros sombríos y agonizantes, y la angustia ya es figura conocida.
En fin, a pesar de que me gusta mojarme, de que me encanta caminar impune bajo la lluvia, este era un aguacero especial, maquiavélico, miles de torturas que partían la cabeza a cada tintinear. Y yo que ya estaba solo en la calle, empapado y hecho una sopa, lo que hubiese sido mi mejor sueño en otro momento se me había convertido en un sufrimiento atroz. Una calle ancha entera para mí, sin tránsito, con lluvia... no, los momentos y los ánimos cambian en la vida, a veces como un auto que despista en la ruta con vuelcos mortales que hacen pim pum pam y el golpe a la pared.
Como siempre quedó en pie la salida fácil del pasaje bañado en adoquines bañados en torturas, o gotas de lluvia; es realmente indiferente. Giré (la verdad no recuerdo si a la izquierda o a la derecha, por que es de poca trascendencia en el asunto) cabizbajo, encarando derechito para la pared que mostraba inobjetablamente que aquel era uno de tantos callejones sin salida. Los ladrillos de aquella muralla eran el respaldo perfecto a la nostalgia, la abulia y la deshazón.
Cuando me senté y miré hacia atrás vi una figura que no era mi sombra, pero que me venía siguiendo, buscándome a mí que encuentro una pulsera en el océano, pero que se me escapa un lobo marino prendido fuego en la cocina. Figurita femenina, contorno delicioso de caderas, pecho y boca; pelo lacio, lumbreras y boquita azucarada. Largo mirarte, largo pensarte, largo reconocerte y, ya sí, sin tintes oníricos de más, larga mirada tan real.
Tuve que verte los dientes que dibujadaban una sonrisa para darme cuenta de que me había caído de espaldas como un idiota, justo enfrente tuyo que no te hace falta pensar que soy un desquiciado para reírte de mis idioteces y torpezas. Pero más loco era darse cuenta que había caído de espaldas, y gratificante fue entender que mis hombros ya no se apoyaban en ninguna pared (ni tampoco la sostenían).
Con tu mano me ayudaste a ponerme en pie, erguido, la frente alta y las pupilas apuntando a lo que había sido un muro. No te solté la mano cuando estuve parado, ni te la suelto cuando tropezás con una piedra, ni me dejás de apretar cuando resbalo en un charco. Al fin y al cabo, siempre nos terminamos riendo de nuestra torpeza mientras nos comemos a besos.

lunes, 1 de febrero de 2010

El marine adolescente

El marine adolescente,
el drogado en ruinas,
la guerra le es indiferente
cuando toma cocaína.

Pelear no es para él,
todo love and peace.
The teen marine,
the dope in wrecks.

Apunta con su carabina
a la desesperada tropa;
ríe y saca una bolsita,
toma coca y no en copa.

Las armas no son para él,
prefiere el hachís.
The teen marine,
the dope in wrecks.

Como reto lo dejan limpiando
el cuartel con un lampaso,
pero siempre termina escapando
y se tira a fumar un faso.

Limpiar no es para él,
lo deja todo así.
The teen marine,
the dope in wrecks.

Se robó el tanque un día,
después de unas cuantas sedas.
A los pocos segundos estaría
el general bajo las ruedas.

Manejar no es para él,
pero drogarse sí.
The teen marine,
the dope in wrecks.

Le dieron un último deseo,
pidió darse un buen chuto.
Lo llenaron de balas muy feo,
pero antes gritó: ¡Son todos putos!

Drogarse era para él,
lo hizo hasta su fin.
The teen marine,
the dope in wrecks.
The teen marine,
the dope in wrecks.
The teen marine,
the dope in wrecks...