Horacito salió de la panza de la mamá, y de pura bronca (porque le gustaba la comodidad del vientre) se puso a llorar como un marrano, despeinando a médicos, enfermeros y familiares.
Horacito comienza a caminar y hablar, y añora profundamente esas épocas en las que iba de brazo en brazo, sin esfuerzo para movilizarse, sin necesidad de pensar palabras para decir lo que pensaba o sentía.
Horacito empieza el jardín, se molesta por tener que tomarse la molestia de tener que ser levantado todos los días a la mañana, obligado a enfrentar la situación de que no es único en su especie y edad, cuando podría seguir durmiendo. Y ni hablar cuando pasa a la primaria y los temas se van complicando. Ya no es todo Daquis, Rastis, la Casita y el fulbacho.
Horacito comienza la secundaria, y es todo un gran nuevo y tonto mundo, repleto de estudios y cosas que hay que hacer sí o sí. Tiempos anteriores, como los de la primaria, eran mejores. Sin estudios avanzados, un trato mucho más personalizado, los mayores se preocupaban mucho más por uno, que no tenía tanto peso encima.
Horacito se recibe con diploma de honor y cumple el sueño de los viejos. Entra a la facultad, a estudiar ingeniería. Lo que el viejo hubiese hecho si hubiese tenido la posibilidad. Lo que pasa es que en los tiempos aquellos en que el viejo quería entrar, el ambiente universitario era otra cosa. Nada que ver, ni comparación con la mugre que era ahora, atestada de energúmenos ansiosos de quilombo. Se estudiaba y listo. A medida que avanza en la carrera, Horacito rememora con melancolía la secudaria. ¿Te acordás hermano qué tiempos aquellos?
Horacito se recibe y comienza a trabajar de acomodado en el laburo del papi. Un lindo puesto, tranquilo, buena paga y con las espaldas bien cubiertas. Ah, pero la presión es tan grande. Los clientes llamando, molestando todo el tiempo, apurados por terminar sus obras rápidamente, seguramente reticentes a soltar el mango. ¡Qué distinta es la gente de ahora! Antes, cuando estaba en la facultad, era diferente. Mal que mal tenía su tiempito para salir a hacer lo que quisiera, y cuando estudiaba no tenía la presión de decenas de idiotas. Sólo la expectativa que generaba en los viejos.
Horacito se casa con la hija de un cliente del viejo. Es una buena chica."Moderna", digamos. Pero a Horacito siempre le costó la relación con ella y sus salidas con amigas, el poco control que él tenía sobre su vida privada. En aquellos años en que el viejo conoció a la vieja, otra era la cuestión. Vivían uno para el otro, sin atención a nada más. Si había que perder una amistad, se la perdía. ¡Pero qué puro era realmente el amor! Miren lo que era hoy día... Horacito tuvo que aprender a convivir con eso, ¡pero cómo añoraba esas historias antiguas!
Horacito tiene un hijo. Lo cría con afecto, pero a medida que crece más y más y va llegando a la pubertad y adolescencia, Horacito empieza a tener grandes problemas. No entiende este nuevo funcionamiento de los jóvenes de hoy. Esa manera de chuparse, de salir de joda todo el tiempo. Bah, él también lo hacía en sus buenos momentos... ¡pero era otra cosa carajo! Era una joda más sana. Encima Horacito siente que la calle está cada vez más peligrosa. Ya no eran tiempos en los que uno podía salir tranquilo. Él sí se acordaba de esas cosas, su pibe no lo había vivido. No era conveniente dejar salir al pibe todo el tiempo. ¿Pero hace falta que se quede todo el día encerrado con la PlayStation que él mismo le regaló? Horacito piensa que los pibes de hoy no saben disfrutar del mundo exterior.
Horacito se separa. Él siempre lo había dicho, las cosas no eran como antes. Por eso ni se había esforzado en tratar de mantener contenta a su mujer. Ve desesperado como las parejas se separan, y ese amor eterno de antaño (que aunque corría el riesgo de volverse monótono, aburrido e hiriente, era mejor) va desapareciendo. Ni siquiera los pibes lo sienten como se sentía antes. ¿Sabés lo que era en su época que los viejos se separen? Ah no, se sufría como correspondía, se lloraba una vida entera. Por suerte no se veía tanto divorcio. Horacito era un tipo honrado, tendría que haber vivido en esos años de oro.
Horacito siempre admiró a la gente mayor. Todos y cada uno de ellos eran para él una pila de conocimiento. Pero ahora que Horacito es viejo, se siente desdichado. Como que no conoce nada, que la suerte no lo ayudó y que nada interesante pasó en su vida. Además no puede moverse. Ja, qué bien que mantenía su cuerpo antes. Rememora y considera que apenas se separó era su mejor momento, física y mentalmente. Pero estar así... la vida ya no valía la pena.
Pasan unos años, y Horacito ve su corazón y pulmones debilitados. Tiene una gran decaída y cae en terapia intensiva. Pide saber qué le pasa, y los médicos le dicen que su enfermedad es terminal. ¡Qué mal que se manejan los médicos de hoy! Antes cada familia tenía su médico que atendía a cada familia, y sabía muy bien cómo atender a cada integrante. Su palabra era palabra santa, y su trato el mejor. Ya nada era como antes.
Horacito empieza su último día de vida. Todo consumido, en su último segundo reflexiona: "Qué linda que era la vida. Pero hoy ni la muerte es digna. Todo tiempo pasado fue mejor".
Horacito muere triste e infeliz.